ATP: 62 min.
sinopsis
Donde antes el Mar de Aral reflejaba el cielo, ahora yace un desierto de sal. Aziz, un joven anclado a los sueños de un mar desaparecido, lucha por sobrevivir en el epicentro de la mayor catástrofe ecológica de la historia. Dentro de sí, libra una batalla entre la añoranza del pasado y la necesidad de construir un futuro en medio de la desolación.
Año: 2024
Director/a: Lucas Peñafort – Fernando González

Género: Documental

Mar de Aral en Uzbekistán, considerada una de las mayores catástrofes ecológicas de la historia.es una laguna de agua salada o mar interior, situado en Asia Central, entre Kazajistán, al norte, y Uzbekistán, al sur. Si bien es denominado «mar». Antiguamente, era uno de los cuatro lagos más grandes del mundo, con una superficie de 68 000 km². En la actualidad, el mar de Aral se ha reducido a menos del 10 % de su tamaño original, hecho que se ha calificado como uno de los mayores desastres medioambientales ocurridos en la historia reciente.
Tras los trasvases de agua realizados por la Unión Soviética en los años 1960, de los ríos Amu Daria Y Sir Daria que en él confluyen, el lago se redujo de manera drástica. Se pretendía desviar agua para regar cultivos, principalmente de algodón, en Uzbekistán y Kazajistán. Tras la caída de la URSS , la falta de entendimiento entre los países que antes formaban la Unión Soviética, ha impedido que se detuviese esta reducción constante;] además, como resultado de pruebas armamentísticas, proyectos industriales y vertidos de residuos, durante todo el siglo XX, el mar tiene un alto índice de contaminación.

¿Es posible retratar la ausencia? Si, ella se encuentra como una sombra en aquellas partes que aún forman el escenario a descubrir. El mar se ha retirado dejando atrás a toda una población en una naturaleza agreste que actúa de símbolo de la tragedia y deambula para subsistir. Hay barcos abandonados que recuerdan y actúan como sello imborrable de lo que antiguamente era esa región. La tierra presenta marcas de una sequía y la vegetación ha desaparecido. Los habitantes que deben encontrar la manera de vivir, en su mayoría son descendientes de aquellos pescadores que día a día llenaban sus redes y con eso le daban al pueblo identidad y su sustento.
Esa ausencia se desliza en imágenes que son retratos de una fotografía artísticamente conmovedora. La cámara parece retratar cada huella que dejó el mar en su retirada fatal. Hay tomas en detalle del rostro de un viejo pescador que acomoda sus redes mientras por su ventana el color de la tierra seca construye un contraste melancólico y actualizado. Los animales parecen ser una nueva opción, pero la falta de pastura no lo potencia.

Allí un joven ha decidido viajar donde su primo que está trabajando en la obtención de minerales en la costa de ese agua que aún perdura allá a los lejos. El camino en tren es un desfile de situaciones comunes en la vida del lugar con una construcción artística que dosifica de alguna manera la pérdida. Lugares que parecen ser plantaciones de arroz y por fin el mar. Allí está ese viejo compañero que los abandonó.
La película registra como nadie esa pérdida y su director la construye con una calidad visual que te sobrepone. Una pequeña gran historia que como en las ausencias tiene pocas palabras, pero sumamente apropiadas. Una voz en off habla de las veces que ese mar se fue y volvió, de una esperanza o de un sueño imposible, pero sobre todo de una larga espera colectiva.



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