“Legado Pionero”, una generación que inventó el jazz argentino.

Una serie relata la historia del jazz argentino a través de quince capítulos.

La música estimula estados de ánimo, hay melodías y ritmos que provocan determinados efectos y situaciones, siempre subjetivos ya que muchas veces son marcas e imágenes de un pasado que fue diferente para cada oyente. De todas maneras, esas melodías, culturalmente han dibujado un entorno especifico por donde determinado público se mueve muy cómodamente

El jazz es disruptivo, construye y destruye, implosión y explosión casi al unísono, y aquel que así lo siente, aprende a esperarlo y sintoniza anímicamente con un sonido único y diferente.

“Legado pionero” es un manual de instrucciones para aprender a disfrutar el jazz. Cada episodio tiene el relato en primera persona de parte de un músico representativo. Este es coloquial didáctico y cristalino y sin mayores pretensiones, expone hechos cronológicos con orgullo y placer.

El documental recupera en cada uno de sus capítulos, el placer de escuchar una historia de forma directa de sus protagonistas: los músicos. Estos casi como los contadores de cuentos, nos describen el camino recorrido. La voz esta contextualizada con fotos de época y la palabra, de muchos familiares.

De forma calcada sus vidas se encuentran con la música desde muy chicos. Siempre un instrumento, un tema, un músico o un disco, dispara con fuerza y para siempre la vocación de darle voz a ese lenguaje musical.

Son 15 los capítulos de la serie documental “Legado pionero” que el realizador Claudio Koremblit presenta con material extraordinario, los orígenes del jazz local y la primera generación de músicos cultores de este histórico género musical.

Desde esa certeza revisitada en “Legado pionero”, el documentalista indica que “los jazzeros argentinos de los ’60 son únicos porque fueron incorporando enseñanzas sin una currícula organizada, sin métodos, tan solo con una pasión ciega que los motorizó. De a poco fueron comenzando a componer, a crear una música distinta a todos sus modelos, se profesionalizaron y pudieron vislumbrar una carrera sin que el contexto los invitara”.

“Fue, insiste Koremblit, una generación de utópicos, autodidactas que abrieron el camino, aprendieron a enseñar, tuvieron la generosidad de compartir sus saberes y desarrollaron estilos originales, que salieron y tuvieron una recepción optima del mundo del jazz, aunque eso generalmente les significó ser olvidados en su tierra”.

El director acondiciona imagines en su sintonía perfecta, fotos en blanco y negro de un pasado con jóvenes casi siempre en trajes y peinados con la estética de las viejas bandas de jazz norteamericanas de la época. Bandas y quintetos, se arman y desarman, y en esa mecánica, aprenden de forma autodidacta, sus únicos maestros eran los temas y zapadas que escuchaban de los discos que conseguían en aquellas disquerías especiales.

El jazz es universal, su música es ontológicamente sensorial y se apoya en los talentos particulares de quienes la tocan. Es la casa, que cobija a una especie de cultores de la experimentación y la improvisación, y a la que acceden luego de horas de ensayo y estudio. ”Legado pionero” nos invita a tomar un silla y estar presentes en esas sala de ensayo o sobre alguno de eso pequeños escenarios, donde un generación de muchachos apasionados por su arte aprendían a ser músicos.

Legado pionero

«Sin memoria no hay historia y siempre será útil y necesario conocer las huellas esenciales de cada género, porque son los verdaderos héroes de la historia, los que tuvieron que hacer todo desde cero.»

CLAUDIO KOREMBLIT

El estreno de “Legado pionero” se centró en la historia del pianista Horacio Larumbe, entrevistado por el baterista Norberto Minichilo, ambos fallecidos en 2003 y 2006, respectivamente

La serie presentada por el pianista Jorge Navarro, quien también es parte de la galería, cuenta con nombres de la importancia del trompetista Roberto “Fats” Fernández, el pianista Santiago Giacobbe. Otros nombres que serán parte de esta memoria son Jorge López Ruiz, Baby López Furst, Jorge “Negro” González, Néstor Astarita, Rodolfo Alchourrón, Alfredo Remus, Gustavo Bergalli, Américo Bellotto, Jorge Anders, Horacio Malvicino, Gustavo Kerestezachi y Carlos Alberto “Pocho” Lapouble.

Cada entrevista se completa con material visual y audiovisual disponible, con actuaciones en vivo de TV y privadas, de los distintos archivos y con el aporte esencial de la familia de cada músico.

Koremblit

Fue productor musical de «Badía y compañía» entre 1984 y 1988 y ostenta una larga trayectoria audiovisual, profundiza con “Legado pionero” una obra independiente y autogestiva que en septiembre pasado tuvo su primer gesto con el largometraje «Gustavo Leguizamón creando la tierra».

Para sumarle contexto a esta investigación cultural, Koremblit apunta que “dedicarse al jazz, como luego al rock, era cosa de locos. Los marginales de la sociedad. No es casual que los primeros cubes de jazz fueran prostíbulos, como en el tango”.

Pero la ligazón entre tango y jazz tendría matices porque “esta generación viene a clausurar la festividad de los ’40 y los ’50, que reunía a orquestas de tango y jazz y propone a cambio una música para escuchar. El jazz pierde el baile, abandona la masividad y se acerca a la música de cámara, un estigma que se mantendrá para siempre y que es coincidente con la ruptura que provoca el nuevo tango, con Horacio Salgán, Astor Piazzolla y Eduardo Rovira”.

El visionado de esta serie jazzera es libre y gratuita, pero para apoyar el trabajo independiente de Armusa se solicita una contribución voluntaria que puede concretarse por medio de una cuenta de Mercado Pago.

¿Qué sentís que puede aportarle la memoria de época que acerca esta serie a la actual escena del jazz local?

Claudio Koremblit: Sin memoria no hay historia y siempre será útil y necesario conocer las huellas esenciales de cada género, porque son los verdaderos héroes de la historia, los que tuvieron que hacer todo desde cero.

Cuando digo que el jazz era cosa de locos, como el rock, me refiero a los años fundacionales, cuando nadie vislumbraba una carrera, una profesión. Sólo los movía la pasión. Claro que al lado del rock adolescente eran músicos que tenían una oreja más educada, con otras armonías. El bop abrió muchas cabezas no-jazzeras, algunos eran tangueros, otros folkloristas, pero el rock aún estaba en piyamas: llegó tarde a su enseñanza.

Después, algunos inquietos como Spinetta se metieron a investigar y a tocar: aprendieron mucho, pero fue un recreo de su interés principal. Es interesante analizar la improvisación en el rock, para entender hasta donde pudieron llegar los rockeros en las aguas sincopadas. Para romper el molde hay que tener mucha solvencia y talento, para aventurarse en un territorio virgen y no morir en el intento. Creo que casi todos fracasaron en ese terreno, salvo algunos genios que tenían una cabeza abierta y sobre todo, orejas libres de prejuicios. Podría nombrar a algunos pioneros, como Robert Wyatt, Syd Barrett y Captain Beefheart, o Zappa, claro.

¿Es inevitable que tengan que sufrir desarraigo, que midan su tarea en el exterior para sentirse reconocidos como músicos de jazz, más afuera o que en su propio país?

El reconocimiento en el jazz puede diferir si el músico se fue a vivir afuera y volvió 20 o 30 años después. También pasa en el rock. Se los ignora. No existen. Tienen que tener mucha suerte si algún periodista de su época aún está activo y les da un espacio.

¿Hay una mirada hacia el género del jazz como un estilo que hace un culto del virtuosismo instrumental, se puede tocar Jazz y no ser un excelso instrumentista?

El culto al virtuosismo en los instrumentos no es tan distinto, más allá de los clichés de cada género. La velocidad fue un modelo que pegó fuerte, pero por suerte está perimido. Son los vicios que se imponen desde los modelos impuestos, que lamentablemente infectan a generaciones enteras. Hoy ya todo es relativo. Nadie es mejor por tocar rápido. Ser excelso lo da la originalidad. Lo único válido en estos tiempos es ser único, personal, no parecerse a otros. Y creo que es válido para cualquier género.

Desde una mirada prejuiciosa, la noche es el contexto ideal para un tipo de jazz, ¿también lo es para un tipo de músico que no imaginamos tocando una tarde en un parque público?

Prejuicios de alguien que tiene horarios para coger o para fumarse un porro. Sobre gustos…

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