Regiones: NOA
Provincias: Tucumán
Dirección: Prelorán, Jorge; Gleyzer, Raymundo
Producción: Instituto Cinefotográfico de la Universidad Nacional de Tucumán; Fondo Nacional de las Artes
Año: 1966
La película
El documental nos cuenta la historia, la vida, sueños y vicisitudes de tres indígenas argentinos: don Temístocles Figueroa, un coplero ciego de 94 años de edad, quien habla y canta sobre su pasado como trabajador en las zafras de caña. Justina Figueroa, de 83 años, alfarera, y Antonia Figueroa, de 40 años, ocupada en elaborar tejidos tradicionales.
Fiel a su característica artística y a la forma de ver el cine, el documental es un registro antropológico y un recorte de la realidad que se filmó en el norte del país. Se divide en capítulos porque en cada uno está expuesta la desidia política, que es la regla que ordena la vida económica del lugar. La provincias del NOA albergan a generaciones de pueblos originarios que relatan cada uno sus experiencias de vida. Allí se despliega un mapa histórico que comienza en la zafra, con rasgos inhumanos de explotación, que consideraba al indígena como un subhumano al que solo se puede incorporar como fuerza de trabajo.

La zafra es temporal y durante la misma, el referente que allí relata, Don Temístocles de 94 años, cuenta maltratos constantes, pagos de miseria y sobre todo la explotación por las horas laborales y exiguos descansos. Solo queda sobrevivir y eso es lo que las imágenes retratan. Un anciano ciego que intenta perdurar más allá de sus dolencias en un desamparo que no tiene posibilidad de futuro. Solo en blanco y negro atenúa un poco la fuerza de lo que se ve.Un lugar que muestra ranchos humildes con habitantes que subsisten con lo que pueden.
El segundo capítulo nos trae a Justina de 83 años, alfarera. Ella tiene una historia laboral en trabajos de los cuales solo recuerda exigencias y abusos. Se dedica a una tarea que es autóctona de la zona y que aprendió de sus padres. Hace vasijas y jarrones. Aplica todo lo que siempre se hizo. Se lamenta porque aspira a hacerlos tan fuertes como lo eran los de sus antepasados. Espera y desea que sus hijas logren tener un futuro en Buenos Aires.

La película está registrada en el año 66, durante la dictadura de Onganía y todos lamentan y añoran, los tiempos del peronismo de Evita y la acción de un estado muy presente. Esto se transmite constantemente. Hay melancolía en los hechos y sobre todo en la música, que subraya con típicas coplas, el tono justo de lo que se quiere expresar.

El último capítulo es sobre Antonia, hija de Justina y tejedora. Ella hace telas que luego intenta vender. Su sueño es poder comprar unas cabra para mantener a sus hijas.Recuerda los tiempos en que Perón le regalo un telar mecánico y como luego de su derrocamiento los militares se lo quitaron. Esta anécdota lastima y es una síntesis del desprecio de la autoridades por los pueblos humildes que no están dentro del ciclo económico que su planes de desarrollo predican. Estos trabajadores continúan con sus tareas. Antonia continúa hilando y canjeando sus telas por artículos, que los comerciantes le regatean, con una inmoralidad disfrazada de intercambio económico.

Las personas no se doblegan aunque sus realidades diarias atenten contra sus fuerzas. Hay una identidad y pertenencia que se destruye cuando se ven obligados a buscar un futuro en ciudades que están lejos en distancia y cultura. Hay en el cineasta una intención a marcar con el dedo, donde el dolor es producto de un sistema que cierra los ojos. La película en sus voces y sus imágenes, es fiel reflejo de un pedazo de nuestro territorio y también de un destrato que aún continúa.


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