Traslados 

Es difícil medir los niveles de crueldad aplicados por la última dictadura cívico militar en Argentina. Los llamados vuelos de la muerte fueron un método de exterminio brutal y planificado para no dejar rastros de los múltiples crímenes cometidos por los militares y sus cómplices. «Un programa de solución final», como apunta el juez federal Daniel Rafecas en Traslados, el primer documental del cineasta argentino Nicolás Gil Lavedra, disponible en Prime Video.
Se trata de un trabajo didáctico que ordena la información cronológicamente. Empieza con las primeras apariciones de cuerpos en costas uruguayas en mayo de 1976, cubiertas casi en solitario por ANCLA, la Agencia de noticias clandestina fundada por el periodista y escritor Rodolfo Walsh. Apenas dos meses después del golpe, cinco cadáveres fueron encontrados con las manos atadas, quebraduras y distintas lesiones en la costa del país vecino.
.

.
Traslados tiene buenas entrevistas con sobrevivientes, familiares de desaparecidos e investigadores judiciales, pero el punto fuerte del documental, en mi opinión, está en el archivo. Por un lado, el documental rescata estremecedoras notas en televisión con el represor Alfredo Scilingo, el capitán de corbeta que en 1995 denunció que al menos dos mil detenidos fueron arrojados al Atlántico con vida, narcotizados y desnudos.  
Por el otro, hay un gran trabajo en hemerotecas que sirve para contrastar cómo se contaba la noticia de las apariciones de cuerpos en Uruguay y cómo se manipulaba, a través de informes tergiversados posteriormente, en Argentina.
A pocos días del aniversario por los 50 años del inicio de la última dictadura, esta semana hablé con Nicolás Gil Lavedra, director de Traslados, sobre el origen del documental, el proceso de investigación y el desafío de contar la historia de los vuelos de la muerte. El origen: «La propuesta me llegó mientras estaba terminando de editar mi tercera película, Como el mar, con Orca FilmsZoe Hochbaum me contó que querían hacer este documental junto con Infobae y me convocaron para dirigirlo. Confieso que dudé un poco. No por el documental en sí, sino porque yo venía de la ficción: ya había hecho tres películas en ese terreno. Es otro lenguaje.
.
Más allá de que mi primera película está cerca del tema —es una biopic sobre Estela de Carlotto—, el documental tiene una lógica distinta. Me interesó mucho que la película estuviera pensada para jóvenes. También me reuní con Eduardo Anguita y Daniel Cecchini, que estaban a cargo de la investigación, y eso terminó de convencerme. Era marzo de 2023 y sentía que, aunque había muchísimos documentales sobre la dictadura, no había uno centrado específicamente en los vuelos de la muerte como hilo principal, desde 1976 hasta la actualidad».
De la ficción al documental: «Una de las primeras decisiones que tomé fue pedir hacer yo las entrevistas. Sentía que, desde mi lugar como director, podía intentar contener a los entrevistados y hacer las preguntas necesarias para que apareciera lo que necesitábamos. Por supuesto, siempre en diálogo con el guionista y con los investigadores. Las recreaciones también surgieron en esas primeras conversaciones. Hoy el lenguaje del documental cambió mucho, sobre todo con las plataformas: los ritmos y las formas de narrar son diferentes. Yo tenía dudas al principio, pero sentía que, entre los relatos de entrevistas que duraban dos horas o más, podría ser útil mostrar ciertas cosas. Para mí era muy importante trabajar desde la ausencia. Estamos hablando de víctimas, de personas que ya no están, de familiares.
.
En las recreaciones, sobre todo en las que tienen que ver con el secuestro en la Iglesia Santa Cruz, hice mucho hincapié en lo que queda después: el café servido, la carpeta en el piso, la bolsa de compras en la calle. Esa idea de mostrar la ausencia era central«.
.
Los archivos: «Fue un trabajo enorme. Teníamos material audiovisual, pero también un trabajo muy fuerte con hemerotecas. La jefa de archivo, Laura Mattarollo, hizo un trabajo magnífico. A medida que avanzaba la investigación —que se hacía en paralelo con las entrevistas— iban apareciendo materiales que terminaban funcionando casi como un personaje más dentro de la película. El archivo no solo habla de una época o de un contexto. También permite ver cómo se trataba el tema en distintos momentos. Por ejemplo, quisimos entrevistar a Adolfo Scilingo, pero finalmente decidió no aparecer. Eso hizo que el archivo cobrara todavía más fuerza. Porque en esos materiales se lo ve hablando, explicando lo que hizo, y también contradiciéndose».
La construcción narrativa: «Después de cada entrevista yo anotaba sensaciones, como un documento de trabajo. Las entrevistas se desgrababan y se compartían con el equipo: los investigadores, el guionista y el editor, Santiago Parysow. El guionista empezó a ordenar el material por secuencias y eso entró a la sala de edición. En un momento probamos una estructura lineal y ahí la película encontró su forma. Al seguir cronológicamente lo que la sociedad argentina fue sabiendo sobre los vuelos de la muerte, el relato se volvió más firme.
.
La película empieza el 24 de marzo de 1976 y avanza en el tiempo, con pequeñas viñetas de contexto: las Madres y Abuelas, el Mundial del ‘78, la visita de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, el Juicio a las Juntas y los Juicios por la Verdad en los ‘90. Todo eso forma parte de la memoria del país, aunque el foco siempre vuelve a los vuelos».

Se trata de un trabajo didáctico que ordena la información cronológicamente. Empieza con las primeras apariciones de cuerpos en costas uruguayas en mayo de 1976, cubiertas casi en solitario por ANCLA, la Agencia de noticias clandestina fundada por el periodista y escritor Rodolfo Walsh. Apenas dos meses después del golpe, cinco cadáveres fueron encontrados con las manos atadas, quebraduras y distintas lesiones en la costa del país vecino.




Deja un comentario