Vivir la tierra

Un acercamiento sensorial a un territorio tan cercano como extraño: las quintas productoras de alimentos que circundan a las grandes ciudades. Este documental presenta a Javier Paniagua y su familia habitando un entramado de tareas, problemas y elecciones de especial alcance: el compromiso de producir alimentos sanos para su comunidad, en primera persona. Ubicada en El Pato, Berazategui, la quinta de Javier es parte del mayor cinturón hortícola de Argentina. A pesar de las dificultades para acceder a la tierra y la tecnología, este territorio es también el escenario donde miles de familias eligen una vida en convivencia con la na

Género

Documental

Idioma

Español

Origen

Argentina

Duración

25 minutos.

Director

Joaquín Lucesoli

Joaquín Lucesoli se formó en fotografía cinematográfica, realiza estudios en cine documental y es integrante de Maipú Cine, grupo que impulsa experiencias y proyectos de cine en el territorio.  

Joaquín Lucesoli egresó en 2015 de la Escuela Nacional de Experimentación y Realización Cinematográfica, la ENERC. Destaca de aquella instancia la excelente formación y el carácter federal, público y gratuito de la escuela, dependiente del Instituto Nacional de Cine (INCAA). A partir de esta formación es que colabora, participa y se involucra en distintos proyectos relacionados al cine.

Su enamoramiento con el cine no implicó un enamoramiento de la gran urbe. Hizo un clic en un viaje llevando equipamientos de cine para un rodaje. El chofer, entrado en años, le contó que siempre había querido irse de Buenos Aires, una decisión que había ido posponiendo y el tiempo se le había pasado. “Me hizo abrir los ojos sobre si la ciudad era el lugar donde quería vivir o no. En realidad, ya sabía, pero ese fue un puntapié para apurar la decisión”, detalla

La película desde mi butaca

El documental presenta dos opciones: la primera es una radiografía de lo que es trabajar la tierra con las propias manos y la conciencia de lo que esta nos da en alimentos. La segunda: es una mirada netamente audiovisual que supera la trama y se deja caer en la fotografía.Creando un contexto local que sugiere siempre ver a la naturaleza como un todo en donde hasta nosotros estamos incluidos.

Desde la primera es muy gratificante ver campesinos trabajando algo tan importante como la tierra. Sin agroquímicos, ni fumigadoras. Solo las manos que desmalezan, cultivan y cosechan. Hay algo de proceso natural de la vida que aunque es cultural, emociona. No solo se trata de su labor, sino la simpleza de su lenguaje y a su vez la exposición de un conocimiento bien asentado.Los planos están dirigidos a la tarea, al trabajo y de alguna manera poniéndolo en foco y reivindicando.

Desde la segunda la belleza es registrar el entorno que acompaña el trabajo,primeros planos de pájaros e insectos, son fotogramas de algo que se deja ver y de alguna manera nos habla. Aquí se filman las manos trabajando como un símbolo del hombre y su comunión con la tierra.Un plano general del lugar del cultivo, es una imagen ceremonial con los trabajadores allí manipulando esa tierra con sus propia manos y diciendo en off que saben muy bien que están cultivando alimentos gracias a los nutrientes de ese suelo que pisan.Como un reverencia al poder que mágicamente y maternalmente te da comida a cambio de solo y nada menos que tu respeto y tu trabajo.

Un documental que te conecta con la simpleza, con el alimento en su contexto más puro y lejos de la industrialización. Imágenes y un relato que deberían escucharse y verse en escuelas donde la idea del comer es la de un supermercado y una góndola.

 Gran documental desde sus dos ejes:temáticamente perfecto y visualmente grandioso

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