Bahía Blanca, donde nada bueno puede pasar

Un Guillermo Pfening es el protagonista con una actuación que sugiere más que dice y desborda aristas y recursos artísticos

Bahía Blanca  

Argentina, 2020

Dirección: Rodrigo Caprotti.

Guión: Nicolás Allegro, Bárbara Scotto y Rodrigo Caprotti, sobre la novela de Martín Kohan.

Duración: 82 minutos.

Intérpretes: Guillermo Pfening, Elisa Carricajo, Javier Drolas, Marcelo Subiotto y Ailín Salas.

La película desde mi butaca

Mario Novoa, docente universitario, pide autorización a su superior para ir un mes a la ciudad de Bahía Blanca con el objetivo de continuar con su investigación sobre el escritor Ezequiel Martínez Estrada. Una excusa para su única y verdadera investigación, una obsesión que lo detiene en el tiempo y necesita que este viaje se convierta en su escape.

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Llega a una casa que la facultad le otorga y desde allí el ostracismo se torna reflexivo enigmático y uno de los puntos que hacen de la historia imposible de abandonar. Es cliente de un ciber donde revisa sus mails e intenta seducir a la empleada. Una seducción tosca y tenebrosa en la que ninguno de los dos muestra mayor sensibilidad que la que otorga la atracción sexual,finalmente esta es prostituta y tendrá una mecánica relación pasajera con Mario.Mientras busca la casa del tal Estrada recibe invitaciones a conocer el básquet y a tomar precauciones sobre la mufa que destila la ciudad, de su vecino de al lado que en un neurótico obsesivo puede ser letal. 

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Mario rechaza la visita de unos predicadores, pero los enfrenta argumentalmente, sin violencia, pero con un determinismo y severidad que pone las cosas en un lugar de tensión. Se imagina a la joven, que forma parte del grupo, hablándole de los salvoconductos que la sexualidad  utiliza en vírgenes como ella, a la hora de tener relaciones. Finalmente mientras piensa y reflexiona sobre su postura hermética se encuentran con quién esperaba verse, un ex amigo que hace cine o lo intenta. Tomará un café revelador en el que con un diálogo que coquetea con lo patológico, confiesa su verdadero interés por estar allí en la ciudad. 

Bahía está retratada muy poco, es solo un decorado parcial de los hechos. En toda la película se respira tensión debido a que sus protagonistas funcionan como depositarios de secretos. Conducta que aplica a Mario con todas sus posibilidades La historia está contaminada de los silencios y arranques intempestivos de Mario, que continua agazapado esperando su presa,pero siempre con una actitud controlada y muy reflexiva.

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Su encuentro con Javier revive un pasado retenido, pero con ganas de volver a la vida. Son los detalles de estos secretos, los que dibujan la verdadera cara y conducta psiquiátrica de nuestro profesor universitario. Javier lo cuestiona sin juzgarlo y luego se aleja ante un descubrimiento que lo incomoda sustancialmente.

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La película logra una tensión imaginaria que se sustenta en la actuación casi perfecta de Guillermo Pfening.Este en su rostro marca los tiempos del misterio y de una maldad solapada y adormecida. Nada de lo que se presagia puede ser bueno.Los actores apuntalan desde muchos primeros planos, su asombro e incomodidad ante este Mario aparentemente inofensivo, pero finalmente solo contenido. Los diálogos son casi literarios y los pensamientos en off también, dándole a toda la historia la profundidad que una catástrofe necesita.

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Mario llega al final de su retiro voluntario y se encuentra con su ex mujer, la retiene con algún engaño, ante la fragilidad de esta, luego del asesinato hace tres meses de su pareja. La obliga a viajar con el de Palermo a Bahia y siente que esta recreando una relación que esta solo en su imaginación distorsionada. La cena final solo da indicios, pero genera todas las huellas y pistas para entender que la bestia no dejará a su presa en paz.

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