
.
El documental “La Guardería”, cuenta la infancia de alrededor de 30 niños, de entre 8 y 10 años, hijos de militantes de la agrupación Montoneros, refugiados en La Habana. En 1978 los dirigentes del grupo armado Montoneros, ya en el exilio, decidieron una jugada osada: regresar a la Argentina para emprender una Contraofensiva contra el gobierno de facto. La mayor parte de los jóvenes militantes que participaron del primer contingente de 1979 y del segundo de 1980, eran también padres de niños pequeños. Llevarlos con ellos o con familiares en la Argentina no era una opción: ya se sabía que los militares estaban apropiándose de los hijos de los montoneros caídos.
La solución fue armar un refugio secreto donde los chicos quedaran protegidos al cuidado de compañeros. El lugar elegido fue Cuba, donde ya estaba instalada la Comandancia de Montoneros, gracias a los buenos vínculos con Fidel Castro. Vivieron allí casi medio centenar de niños. Algunos padres lograron sobrevivir y volvieron a buscarlos. Otros no volvieron jamás de la operación fallida de la Contraofensiva.
Hoy, más de treinta años después, Analía Argento reconstruye, en base a los testimonios y fotografías de chicos y adultos que pasaron por alguna de las casas que funcionaron como sede de la guardería, la vida en la isla en esos años de inocencia y peligro.

.El Documental
La guardería es para esos niños un presente continuo de la ausencia de sus padres. La distancia marca que algo los separa y esto le da significado y lo pone en relato. El documental intenta contar lo hechos como estos militantes los sienten, una especie de epopeya heroica a la que su compromiso militante no dejó otra opción, aunque pocos mostraran dudas al respecto. La inocencia de los chicos está intacta y es un trabajo de contención llevado a cabo por los compañeros de aquellos ausentes como un tesoro a resguardar. Hay que ponerlos lo más cerca de la verdad que se pueda, sin romper su mirada infantil del mundo que los rodea. Los padres solo piden a sus pares, en la guardería, que los hagan solidarios y les recuerden que la distancia que los separa de ninguna manera fue motivada por falta de amor de Papá y Mamá.
El compromiso de hombres y mujeres, que fueron esos niños y niñas, transmiten frente a cámara emoción genuina. Se acumulan imágenes del barrio y de situaciones donde la lucha, y hasta la muerte, los iguala y aglutina. La nostalgia, por esos padres lejanos, es siempre un fantasma que todavía hoy se pasea constantemente.

Ellos alternan juegos y canciones, con cartas y casetes, e intentan mantener el vínculo a la distancia. Los relatos en primera persona son honestos, trasparentes y cristalinos. La frase de una niña (ex guardería) quiebra toda resistencia: “Jugábamos a inventar una máquina que volviera a la vida a los que murieron”.
El documental es un collage de primeros planos que se disfrutan, fotos de ese pasado misterioso y lejano, intenta darnos una idea lo que fueron esos días. La dirección del mismo es impecable y recrea un duro pasado, entre sonrisas fraternas, en una redentora reunión (asado por medio) en la casa de una de las sobrevivientes. El trabajo de Croatto en resumen, ahonda sobre la perspectiva de aquellos niños, entre los que estuvo ella, que encontraron en “La Guardería” su lugar de subsistencia, entre juegos y una construcción colectiva impregnada de nostalgia.

.
Con el regreso de la democracia en 1983, La Guardería cerró sus puertas y estos niños volvieron al país, por el que sus padres y madres militaron en la lucha armada.
A través de este documental, los niños (hoy ya adultos) cuentan su historia familiar, ahondando en sus fantasías de aquellos días y respetando la conducta de esos padres que los «abandonaron» en un lugar extraño. Muchos transmiten el deseo profundo que su historia personal hubiese sido distinta, pero ninguno muestra rencor o desapego para con ellos. Hay en esta historia una tragedia que se trata de suavizar, no por ocultarla, sino solo para que no siga lastimando. Tener que exiliar a niños, es de por si un situación extrema y su causa es objetiva, salvarlos. Hoy en dimensión de lo que estaba ocurriendo y lo que se intentaba hacer, todo podría tener otra valoración, pero lo que importa son los hechos históricos y no el potencial de lo que se hubiera podido evitar. Esto es lo que rescata la directora: que pasó, como se hizo y porqué, todo en el contexto de una solidaridad y militancia política que de ninguna manera se pone en duda. Todos los ex niños tienen secuelas, todo sobreviviente las lleva en su cuerpo y en su mente. «La guardería» intenta catalizar el dolor y revalorar conductas, que lejos del desapego, fueron impulsadas solo por el amor.

.
La película nos sitúa en una Habana pequeña, vemos «La Guardería», algunos viajes en autos de la década del 50 dando algún paseo por una rambla. y lo chicos entre juegos y morisquetas, impregnados de una ternura testimonio de como se intentaba vivir. Todo emociona, el compromiso subyacente en esos jóvenes, unos para con su ideología, muy a pesar de las perdidas de sus hijos y los riesgos que asumieron y otros, recreando un hogar para estos chicos y esperando noticias de un reencuentro triunfal que se finalmente se desdibuja con el paso del tiempo.
El Libro
Analía Argento nació en Cinco Saltos, Río Negro, en 1970. Licenciada en Ciencias de la Comunicación Social (UBA), es actualmente Editora Jefa de la Sección Política y Opinión del diario El Cronista Comercial y como columnista política acompaña a Marcelo Zlotogwiazda en Radio del Plata. Su libro De vuelta a casa ha sido declarado de interés histórico, social y cultural por el Concejo Deliberante de su ciudad natal de Río Negro.
..
…Ya nadie recuerda el día exacto, pero para fin de marzo o principios de abril de 1979 un matrimonio y doce niños llegaron en un avión de Cubana de Aviación a La Habana. Héctor Dragoevich («Pancho») y Cristina Pfluger («Laura»), fueron recibidos por dos cubanos que no se separarían más de todos ellos desde el primero al último día de la guardería: Jesús Cruz, del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, y Saúl Novoa, «El Gaita», nada menos que de Tropas Especiales, cuerpo de élite de las milicias cubanas…
De la docena de chicos que llegaron con Pancho y Cristina solo dos eran sus hijos: Leticia y Ernesto. El mayor del grupo tenía apenas siete años. Se trataba de Carlitos Olmedo, hijo del dirigente montonero (ex FAR, Fuerzas Armadas Revolucionarias) Osvaldo Olmedo.Los bebés eran dos: María de las Victorias Ruiz Dameri, a punto de cumplir un año, y Claudia Calcagno, de nueve meses.Los deambuladores que apenas despegaban del piso eran cuatro: Leticia; Malena Olmedo, «La Pelirroja»; Carolina Calcagno y otro niño muy menudo llamado Gabriel. El grupete que rondaba los cuatro años estaba formado por Marcelo Ruiz Dameri, «Luche» Allocati, María Olmedo, Ernesto y una niña llamada Laurita…..
…El Consejo Superior del Movimiento Peronista Montonero, durante una reunión en Roma, había dispuesto poner en marcha la Contraofensiva popular. Como explicó Yäger a Edgardo, supusieron que si empujaban una resistencia social, las Fuerzas Armadas entrarían en contradicción y no podrían repetir la ofensiva de los dos primeros años de la dictadura militar. Suponían también –erradamente, a la luz de los resultados– que había en Argentina posibilidades de insertarse en fábricas, villas y otros sectores, y replicar un plan de propaganda y acciones guerrilleras como atentados a figuras destacadas que simbolizaran el saqueo a la economía argentina y la represión.
.



Deja un comentario